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Blog Soñar despierto

Las diez peores películas ganadoras del Oscar

Si la semana pasada seleccionaba las diez mejores películas que han ganado el Oscar (con motivo de una macroencuesta convocada por la web www.decine21.com, en la que la gran triunfadora, como no podía ser de otra forma, ha sido "El apartamento"), ésta le toca el turno a las que considero las diez peores. La selección ha sido dificilísima porque, repasando los 89 años de historia, se llega a la conclusión de que demasiadas veces los académicos votan más por impulsos o por motivos meramente coyunturales que en función de la calidad. Y así nos encontramos con disparates tan monumentales como éstos...

Una mente maravillosa (2001). Además de ser una película mala, muy mala, en el sentido tradicional del término (el guion es una sarta de lugares comunes dentro del subgénero de autoayuda y superación, la puesta en escena del limitadísimo Ron Howard es mediocre y Russell Crowe se marca un agotador recital de histrionismo pasado de rosca), es indignante, muy indignante. Porque ofrece una visión de la esquizofrenia a todas luces disparatada, buscándole su lado ¿positivo? y llegando casi a idealizarla. No es que no mereciera ser proclamada la mejor película del año, es que casi merecía haber sido proclamada la peor película del año.

Birdman (2014). Un insoportable ejercicio de onanismo intelectual, pretencioso hasta la náusea, estilísticamente tramposo y molesto y profundamente cargante. Alejandro González Iñárritu se debió de quedar bien a gusto tras hacerlo y ajustar cuentas con media humanidad, con el beneplácito de la misma. Y los académicos prefirieron darle un injustísimo Oscar antes que reconocer que no habían entendido nada y que se habían aburrido infinito viéndola. Como casi todo el mundo.

La vuelta al mundo en 80 días (1956). Una superproducción de Disney destinada a toda la familia que probablemente provocó que Julio Verne se removiera en su tumba, viendo como su maravillosa novela se convertía en una ñoñería de padre y muy señor mío, para mayor gloria de ese cómico mexicano cuya gracia es más que discutible llamado Cantinflas y que se marca en una plaza de toros una escena de total vergüenza ajena. Es verdad que David Niven da el tipo como lord inglés, pero lo de hacer pasar a Shirley McLaine por una joven india es una de las mayores ideas de bombero de todos los tiempos.

El mayor espectáculo del mundo (1952). Durante los años 40 y 50, Cecil B. de Mille fue una de las personalidades más poderosas de Hollywood, si no la que más. Y sus superproducciones de cartón piedra, con repartos de primera y mensaje retrógrado, solían ser del agrado del público y de la industria. Aquí despachó un larguísimo e inane melodrama ambientado en el mundo del circo que acaba por aburrir hasta a la ovejas, a pesar de la presencia de Charlton Heston, James Stewart, Betty Hutton, Gloria Grahame, Bing Crosby, Cornel Wilde, Dorothy Lamour, Bob Hope y Edmond O'Brien. Pero lo peor de todo es que le dieron el Oscar el mismo año que estaba nominada la mejor película de todos los tiempos, "El hombre tranquilo". El último círculo del infierno dantesco es poco castigo para los académicos de ese año.

Slumdog Millionaire (2008). Vergüenza debería darle al británico Danny Boyle frivolizar como frivoliza en esta película sobre los niños de la calle de la India. Contar lo que cuenta desde una perspectiva casi de comedia pero sin renunciar a un puntito de conmiseración es una indecencia que los miembros de la Academia reconocieron indecentemente, porque todos son muy solidarios y sienten mucha lástima de las víctimas de la miseria en el Tercer Mundo... siempre y cuando estén muy lejos y no molesten. Y rematar el relato con un número a musical sacado de Bollywood es el bálsamo perfecto para que las conciencias del espectador occidental no sufran demasiado antes de volver a su "dura" realidad cotidiana.

Paseando a Miss Daisy (1989). Sí, los personajes de la vieja, racista y engreída Jessica Tandy y de su chófer, el socarrón Morgan Freeman, son estupendos y nos los llevaríamos a casa. El problema es que en la película no hay nada más, ni un diálogo, ni una situación, ni una escena que realmente aprovechen su potencial y llega un momento del metraje en que nos pasa como con la artesanía comprada en mercadillos extranjeros: ¿qué hacemos con ellos? Desde luego, Bruce Beresfod no tiene ni idea. Eso sí, en su descarga hay que reconocer que el quinteto de nominadas de ese año es de traca, probablemente el peor de todos los tiempos: "Nacido el 4 de julio", "Campo de sueños", "El club de los poetas muertos " y "Mi pie izquierdo", Vamos, que la cosa era de susto o muerte.

Gente corriente (1980). Gracias a esta película, la Academia de Hollywood encontró un filón. Como no estaba dispuesta bajo ningún concepto a darle el Oscar al Mejor Actor a Robert Redford porque era demasiado guapo (en toda su carrera, sólo ha sido nominado una vez, por "El golpe") pero se sentía culpable por ello, decidió que lo mejor era recompensar su ópera prima como director, que no es más que un discreto y melodramático telefilme de sobremesa sobre una familia disfuncional. La fórmula le gustó tanto a los académicos que la repitieron con "Rojos", de Warren Beatty; "Bailando con lobos", de Kevin Costner, y "Braveheart", de Mel Gibson.

Cabalgata (1933). Frank Lloyd fue un notable artesano y uno de los directores punteros en la transición del mudo al sonoro, del que prácticamente nadie se acuerda en la actualidad. En los años 30, vaya usted a saber por qué, se convirtió, junto a Frank Capra, en el niño mimado de la Academia y sus películas acumulaban nominaciones y estatuillas año tras año en las principales categorías. Este drama épico que cuenta la historia de una familia británica a lo largo de las primeras tres décadas del siglo XX y está basada en una obra de teatro de Noel Coward, fue uno de sus filmes más celebrados. Pero la verdad es que es una nadería con más pretensiones que resultados en la que todo es muy difícil de asumir, por no decir directamente increíble. Un reparto de segunda división, cuyos miembros aún no tenían clara la diferencia entre hacer cine y hacer teatro, tampoco ayuda mucho.

El señor de los anillos: el retorno del rey (2003). Tres películas comparten el honor de ser las más premiadas de la historia de los Oscar, con once estatuillas cada una, incluida, por supuesto, la de mejor película. Las tres son superproducciones épicas y las tres merecerían figurar en esta lista. Si la "afortunada" ha sido la tercera y última entrega de la saga de "El señor de los anillos" es porque pocas veces un director ha conseguido hacer algo tan aburrido como lo que hace aquí Peter Jackson. Con el agravante de que si no se han visto las dos entregas anteriores, no se entiende absolutamente nada de lo que pasa. Bueno, y si se han visto, tampoco es que se entienda mucho más... 

Moonlight (2016). Seamos sinceros: si no fuera por la dichosa corrección política, esta peliculita, tan bienintencionada como pequeñita, jamás hubiera logrado la estatuilla. Y menos en detrimento de una monumental "La, La, Land" que ya se ha convertido en un clásico mientras "Moonlight" está destinada al olvido... si no está ya sumida en él. Pero entre que estaba relacionada con las reivindicaciones de las minorías afroamericana y homosexual y que le tocó competir justo en el año en que se acusaba a la Academia de premiar poco a los negros, pues como que los votantes se vieron obligados a decantarse por ella. El error (y no me refiero al de la lectura del premio de Warren Beatty y Faye Dunaway) fue de los que hacen época. 


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