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Blog Soñar despierto

Cine al desnudo

El pasado sábado se entregaron en la ciudad polaca de Wroclaw los Premios del Cine Europeo. Y, contrariamente a lo que casi siempre sucede en este tipo de galardones (léase Premios Europeos, Oscar, Goya, Cesar, David di Donatello, Bafta, etc., etc.), por una vez arrasó la mejor película, la comedia dramática alemana "Toni Erdmann", que se hizo con el repóquer perfecto: Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Guion, Mejor Actor y Mejor Actriz. (Vaya usted a saber por qué, cuando está en boca de toda Europa desde hace varios meses, no llegará a las pantallas españolas hasta finales de enero de 2017).

Que sea la primera vez que triunfa en estos galardones una película dirigida por una mujer, por mucho que algunos se empeñen en destacarlo, no deja de ser una mera anécdota. Las películas son buenas o son malas independientemente del género (e incluso de la nacionalidad, la raza y la religión) de sus autores. Otra cuestión bien distinta es que haya menos directoras que directores... Lo importante de "Toni Erdmann" es que es una película original, creativa, corrosiva, iconoclasta, provocadora, divertidísima (para que luego hablen del humor alemán) y con un profundo trasfondo social, cuyas más de dos horas y media de metraje se consumen en un supiro.

Pero, siendo como somos, adoradores incondicionales de John Ford, que consideraba que los actores eran tan prescindibles como los caballos, no podemos por menos que reconocer "Toni Erdmann", sin quitarle méritos a su guionista y directora, Maren Aden, que es sin duda una de la figuras del cine europeo a seguir muy de cerca en las próximas décadas, es, por encima de todo, una película de actores, porque sin Peter Simonischek y, sobre todo, Sandra Hüller, no sería para nada lo mismo. El primero da un recital de versatilidad e histrionismo, entre falsas dentaduras postizas y disfraces peludos. Y la segunda, entre la ironía y la trascendencia, demuestra cuán lejos se puede llegar más allá del deber, sobre todo en la que me atrevería a calificar como la escena de desnudismo más atrevida, sonrojante y justificada de la historia del cine.

Nacida en la República Democrática Alemana (nunca el nombre de un país volverá a alcanzar un oxímoron de semejante nivel) en 1978, Hüller es una bellísima actriz tardía que hasta los 28 años, en 2006, no empezó a encontrar su lugar en la industria. Desde entonces, ha intervenido en una quincena de películas y varias teleseries que no han trascendido mucho más allá de las fronteras de su país. Y en varias de ellas se ha desnudado con generosidad. Pero lo de "Toni Erdmann" es otra cosa, porque sostener casi un cuarto de hora en pelota picada, frente a otros actores en idéntica situación, y conseguir que el espectador se centre únicamente en el desarrollo de la trama, está sólo al alcance de una actriz genial.

Ha habido mucha gente que ha discutido su premio europeo, diciendo que si Isabelle Huppert, por la sobrevalorada "Elle", o Valeria Bruni-Tedeschi, por la extraordinaria "La pazza gioia", lo merecían más. Ambas hubieran sido justas ganadoras pero, al fin y al cabo,"sólo" hacen dos excepcionales interpretaciones más o menos dentro de los parámetros convencionales, aun reconociendo que sus personajes son dos outsiders llevadas al límite. Húller, en cambio, hace un interpretación excepcional aboslutamente excepcional, puro y extremo cine al desnudo. Como "Toni Erdmann", una película que ya ocupa un lugar destacado en la historia del Séptimo Arte. Europeo y universal.


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