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Cuando el ego aplasta el talento

El mexicano Alejandro González Iñárritu es el nuevo niño mimado de Hollywood. Si el año pasado ganaba el Oscar a la Mejor Película, a la Mejor Dirección y al Mejor Guion Original por ese sobrevaloradísimo ejercicio de pedantería que es "Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia)", éste es el gran favorito para repetir por "El renacido", candidata a doce estatuillas. Si consiguiera por segundo año consecutivo el premio al mejor realizador, lograría algo que hasta el momento sólo ha estado al alcance de dos grandes tan grandes como John Ford (en 1941, por "Las uvas de la ira", y en 1942, por "¡Qué verde era mi valle!") y Joseph L. Mankiewicz (en 1950, por "Carta a tres esposas", y en 1951, por "Eva al desnudo").

Uno de los planos imposibles de Iñárritu en "El renacido"

Y no sería justo ni mucho menos conveniente. Primero, porque la filmografía de Iñárritu está a años luz, en cantidad y calidad, de las de sus dos predecesores. Y segundo, porque estamos hablando de un director de indiscutible talento al que los premios le sientan muy mal, pues no hacen sino exacerbar un ego de por sí ya desmesurado, que poco a poco va aplastando ese talento, como se puede apreciar en "El renacido". Un filme, dicho sea desde ya, casi notable, con un Di Caprio fantástico (él sí se merece el Oscar) pero por encima del que sobrevuela, en todo momento, la omnipresente megalomanía de su autor: cada plano debe inventar la pólvora, cada escena debe ser más brillante, trascendente e impactante que la anterior, cada copo de nieve que cae debe contribuir a aumentar su gloria...

Es una pena, pero el personaje ha devorado al creador. En su excepcional ópera prima, "Amores perros", Iñárritu intentó hacer Cine, y vaya si lo consiguió. En las siguientes, "21 gramos" y "Babel", siguió manos a la obra y, sin llegar a las cotas de la anterior, ambas contenían momentos inolvidables. Pero, a partir de la insufrible "Biutiful", Iñárritu decidió que ya no le interesaba el cine sino la inmortalidad en vida y convirtió sus películas en meros vehículos para mostrarle al mundo (y, sobre todo, a sí mismo) su genialidad. Así vinieron "Birdman" y esta "El renacido", con una legión de corifeos incondicionales riéndole las gracias. Es, como mínimo, dantesco, imaginar lo que puede suceder el 22 de febrero si los miembros de la Academia de Hollywood le equipararan con Ford y Mankiewicz...

Uhno de los momentos más memorables de "¿Qué he hecho yo para merecer esto?"

De todas formas, y tristemente, el caso de talento aplastado por el ego no es, ni mucho menos, exclusivo de Iñárritu. Ahora mismo, hay otros dos grandes directores que fueron que han padecido el mismo síndrome. Uno es el danés Lars von Trier (lo de añadirse el von en el apellido ya dejaba traslucir ciertos delirios de grandeza...) y el otro, el español Pedro Almodóvar. Los dos contribuyeron a revitalizar el cine en los años 80 y 90, los dos firmaron espléndidas obras maestras ("Europa" y "Rompiendo las olas", el nórdico; "¿Qué he hecho yo para merecer esto", "La ley del deseo" y "Mujeres al borde de un ataque de nervios", el manchego) y los dos se han autofagocitado, víctimas de una autoidolatria fomentada por los éxitos de público y crítica y las colecciones de premios. Y los grandes creadores que eran han malgastado sus energías en mirar el ombligo de sus propios personajes, olvidándose de todo lo demás. Y olvidándose, sobre todo, de que ego tiene todo el mundo pero talento no, y los que tienen el segundo no deberían desaprovecharlo en alimentar el primero...

 


3 » Comentarios ¿Quieres comentar? Entra o regístrate

  1. ironvixen 23.ene.2016 | 11:17

    #1

    Si la envidia fuera tiña... No será porque como español, o argentino, no habéis logrado lo que el mexicano? Iñarritu se supera en cada película, igual que su paisano Cuarón. ENVIDIOSO.

  2. sensando 30.ene.2016 | 17:20

    #2

    Quizá el titular también sea aplicable a algunos críticos cinematográficos...

  3. CaroloIII 12.feb.2016 | 10:00

    #3

    " Oscar a la Mejor Película, a la Mejor Dirección y al Mejor Guion Original por ese sobrevaloradísimo ejercicio de pedantería que es "Birdman... ". Por fin "escucho" algo real sobre esta película. Entendible lo de los premios, porque con ella no se hace sino "galantear" y halagar al endiosado mundo del cine, tan pagados todos ellos de sí mismos. Completamente de acuerdo, también, con que "Amores Perros" sí merecía la pena, y también, aunque ya no tanto, las 2 siguientes.

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