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Blog Soñar despierto

Exotismo y erotismo

Tiene mucho mérito lo que está consiguiendo "Palmeras en la nieve": plantarle cara en la taquilla, de tú a tú, a "Star Wars: El despertar de la Fuerza" es algo que prácticamente ninguna película en el mundo ha conseguido. Entre otras cosas, porque casi ninguna gran producción de ningún país se ha atrevido a lanzarse al ruedo de las carteleras en las mismas fechas que el coloso de Disney, dejándole de esta forma vía libre a la séptima entrega de la saga. El filme de Fernando González Molina ha cometido semejante "osadía" (a pesar de que muchos pensábamos que era una decisión suicida) y está teniendo su premio.

Adriana Ugarte, antes de descubrir el "caloret"

Apoyada por una descomunal campaña de markéting por parte del grupo Atresmedia -que confirma, una vez más, que sin una televisión privada detrás, el cine español no es nada, y principal razón de su éxito- y a pesar de que la crítica no ha sido precisamente magnánima con ella, "Palmeras en la nieve" ha sido capaz de aglutinar a un público intergeneracional, en una maniobra comercial que sólo cabe calificar de inteligente. Veamos algunas de sus claves.

Para empezar, sigue la estela, aunque en pantalla grande, de uno de los grandes éxitos audiovisuales de los últimos años, la teleserie "El tiempo entre costuras". Como ella, es la adaptación de un best seller firmado por una mujer (aquí, la oscense Luz Galbás) que propone un culebrón de época con escenarios exóticos y la revisitación de ciertos episodios históricos poco conocidos, apoyados en un espléndido diseño de producción inhabitual por estos pagos. De hecho, visto su larguísimo metraje, no cabe sino pensar que podría haberse convertido en una miniserie de varios capítulos para la pequeña pantalla. Y probablemente lo hubiéramos agradecido todos...

Ya puestos a seguir la estela de éxitos precedentes, han decidido llegar hasta el final y, si Adriana Ugarte se convirtió en una estrella gracias a "El tiempo entre costuras" y "La señora", pues qué mejor que poner a Adriana Ugarte como protagonista. Al margen de que sea o no una buena actriz (que lo es), la madrileña es, a día de hoy, una de las pocas estrellas de que puede presumir la industria cinematográfica patria. Si la juntamos con un actor que convierte en oro casi todos los proyectos como los que interviene y que cuenta con una legión de fans, como es Mario Casas (al que con subtítulos se le entendería perfectamente todo lo que dice, porque loque es vocalizar...), tenemos prácticamente reunido a todo el star system nacional. Y eso vende, acá y acullá.

Mario Casas y Berta Vázquez, pasión tropical

Y, como "sin tetas no hay paraíso", buenas raciones de desnudos a cargo de la citada Adriana Ugarte y de la muy desinhibida Berta Vázquez. Desde la gloriosa época del destape, en este país siempre ha estado más que claro que funcionan mejor las películas si las protagonistas enseñan su anatomía, venga a cuento o no (que se lo digan, si no, a Fernando González Molina, que ya en "Fuga de cerebros" incluyó una delirante escena onírica sólo para que Amaya Salamanca se pudiera lucir generosamente). Y si encima es la anatomía de una actriz tan conocida como Ugarte, pues miel sobre hojuelas.

"Palmeras en la nieve" no es una gran película, ni siquiera una buena película. Pero, como operación de markéting, merece futuros estudios en profundidad en las universidades, porque es impecable y un modelo a seguir. Y, desde luego, se merece todo nuestro respeto, aunque sólo sea por haber sido capaz de plantar cara al invasor... y sin la ayuda de una poción mágica.


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