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Hombres, mujeres y viceversa

Romain Duris y Anaïs Demoustier: nadie es lo que parece

Jack Lemmon y Tony Curtis en "Con faldas y lo loco". Anthony Perkins en "Psicosis". Julie Andrews en "Victor o Victoria". Son, sin lugar a dudas, los tres indiscutibles ejemplos que vienen a la memoria cuando se habla de travestismo en el cine. Pues bien, desde esta misma semana hay otro nombre que añadir a la lista, el de Romain Duris en la nueva película de François Ozon "Una nueva amiga". 

Basada en una novela de Ruth Rendell, la película cuenta la morbosa relación entre David, que acaba de perder a su esposa y se tiene que hacer cargo de un bebé de pocos meses, y Claire, la mejor e inseparable amiga de la difunta, a la que le prometió en su lecho de muerte cuidar de su marido y de su hijo. Con lo que Claire no contaba es con que David oculta un sorprendente secreto: lo que más le gusta en el mundo es vestirse de mujer. Superado el shock inicial, Claire asume la situació y entre ambos se establece una complicidad que poco a poco irá tornándose en algo, ya que a él le permitirá liberar sin complejos su feminidad y a ella descubrir pulsiones guardadas en lo más profundo de su psique.

Lo más interesante del filme es que es un estudio casi freudiano sobre la ambigüedad y los múltiples recovecos de la sexualidad. Nada es blanco ni negro, sino que hay una casi infinita gama de grises, con dos protagonistas que precen tener clarísimo lo que son y que al mismo tiempo no acaban de decidir que es lo que quieren ser.

Evidentemente, y como sucede casi siempre en el cine de Ozon, es una película de personajes. Y para que saliera adelante, hacían falta dos actores que les dieran la máxima credibilidad, porque la historia camina durante todo el metraje por el borde del abismo y hubiera sido muy fácil despeñarse. Romain Duris está espléndido, manejando una amplísima gama de registros, pasando del melodrama a la comedia, siendo muy mujer cuando hay que serlo y muy hombre cuando toca, llenando de matices a ese extravagante David y consiguiendo que empaticemos profundamente. 

Y qué decir de la encantadora pequipelirroja Anaïs Demoustier... Pues, en primer lugar, que confirma el excelente ojo de Ozon para descubrir actrices, casi todas cortadas por un mismo patrón: guapas, muy francesas, con rasgos juveniles y sin ningún reparo a la hora de afrontar escenas muy subidas de tono. No hay que olvidar que él fue quien puso en el mapa a Natacha Regnier con "Amantes criminales" y a Ludivine Sagnier con "Gotas de agua sobre piedras calientes" y el que se sacó de la manga a Marine Vacth en "Joven y bonita". Y, en segundo, que es una excelente actriz, que aguanta con firmeza el pulso con un veterano curtido en mil batallas como Duris y que brinda un fabuloso recital de contención y de interiorización de los sentimientos y del dolor.

Como es habitual en la interesantísima filmografía del estajanovista Ozon (que lleva dos décadas firmando, como mínimo, un título al año) , "Una nueva amiga" no pertenece a ningún género concreto. No es una comedia ni un melodrama ni una buddy movie ni un thriller ni una película erótica, pero es todas esas cosas a la vez. Y, por encima de todo, y quizá lo más importante, es una muy buena película, que invita a plantearse muchas preguntas y a reflexionar sobre esa cosa tan compleja llamada sexualidad.


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