Metropoli

Blog Soñar despierto

Perversiones capitalistas

La inmigración ilegal y las mafias que la rodean ("La promesa", "El silencio de Lorna"), el tráfico de bebés ("El niño"), la desestructuración familiar ("El niño de la bicicleta"), los conflictos de la adolescencia ("El hijo") o los problemas de los jóvenes para encontrar trabajo ("Rosetta"). Ninguna de las cuestiones que marcan la convulsa situación socieconómica de la Europa actual ha sido ajena al realismo social que practican los hermanos belgas Luc y Jean-Pierre Dardenne.

En su última película, que acaba de aterrizar en la cartelera española y es, en mi opinión, la mejor y más redonda de su filmografía, "Dos días, una noche", van mucho más allá y, al tiempo que denuncian la precariedad y la inestabilidad del mercado laboral, muestran, una tras otra, todas las perversiones capitalistas que los mercados y los poderes políticos y fácticos no sólo han permitido sino que han alentado y han incentivado... en su propio beneficio, claro.

Marion Cotillard, entre sus compañeros, camino del "cadalso"

El argumento del filme es muy sencillo: una trabajadora, Sandra, intenta reincorporarse a su puesto tras una baja por depresión. Cuando se dispone a hacerlo, se encuentra con que el empresario ha planteado una votación entre sus compañeros (todos de clase media baja de extrarradio, con graves problemas económicos) planteándoles que si ella se reincorpora deberán renunciar a una paga extra de 1.000 euros, que sólo recibirán si aceptan su despido. Sandra dispone de los dos días y una noche del título para convencer a los otros trabajadores de que la apoyen, a costa de su dinero.

Primera perversión: el empresario convierte a los trabajadores en verdugos de su propia compañera, mientras él se lava las manos.

Segunda perversión: la protagonista, víctima de la situación, acaba por sentirse culpable de intentar que los demás renuncien a una paga extra a cambio de su trabajo.

Tercera perversión: los trabajadores acaban por anteponer los propios intereses y, sobre todo, los de la empresa a la solidaridad y la lucha, reafirmando y perpetuando de este modo el capitalismo más atroz. Divide y vencerás, que ya dijo Julio César.

Cuarta perversión: la amistad, la lealtad y la fraternidad no valen nada ante una buena suma de dinero.

Rodada con un estilo naturalista y sumamente directo, con una cámara nerviosa casi siempre en movimiento que sigue a trompicones las tribulaciones de la protagonista, la película es espléndida e invita a profundas reflexiones. Y hay que agradecerle a Marion Cotillard haberse despojado de sus ropajes de gran estrella y, con la cara lavada y un vestuario que parece seleccionado por un enemigo, su disposición a dar vida a un personaje inolvidable, que protagoniza uno de los finales más bellos y esperanzdores vistos en mucho tiempo, toda una reivindicación de la dignidad humana. Que, al fin y al cabo, es lo que siempre buscan, con mayor o menor fortuna, los hermanos Dardenne en sus películas.


1 » Comentario ¿Quieres comentar? Entra o regístrate

  1. David Plays Gascu davisplays17 25.oct.2014 | 09:43

    #1

    Me parece una crítica pésima de la película, intentando hacer política de una película que no muestra más que una cosa que no ocurre en la realidad. El capitalismo consigue dar trabajo a esos trabajadores, y situaciones como la que se exponen en la película no ocurren porque no sería legales.

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