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Blog Soñar despierto

De reina a plebeya

Sasha Grey en "Open Windows"

Entre 2006 y 2011, Sasha Grey revolucionó el mundo del porno. Como ella misma declaró en el interesantísimo documental alemán sobre la industria americana del sexo audiovisual 9 to 5: days of porn (Jens Hoffmann, 2008), desde que era una adolescente tenía claro que quería probar fortuna en las películas X. Así que, recién cumplidos los 18 años, cambió su nombre de Marina Ann Hantzis por el de Sasha Grey (en homenaje a una cantante y a la novela de Oscar Wilde "El retrato de Dorian Grey") y dejó atrás su Sacramento natal para instalarse en la meca del cine porno, el Valle de San Fernando.

Con su aspecto inocente y un físico de lo más normalito, de vecinita de al lado, sin retoques quirúrgicos de ningún tipo y muy alejado de las exuberantes rubias recauchutadas que se llevaban por la época, tardó muy poco en convertirse en una estrella, gracias a sus inexistentes inhibiciones, a sus ganas de experimentar y a que en sus interpretaciones transmitía un espíritu lúdico y desenfadado que no tenía nada que ver con la falsedad prefabricada que destilaban casi todas sus compañeras.

Pero lo más llamativo de Grey es que su principal virtud, elogiada por todos quienes la han tratado alguna vez, no está su cuerpo, sino en su cerebro. Un cerebro que, después de 224 películas para adultos, en las que tocó prácticamente todos los palos imaginables, incluso los más extremos, le dijo que, a sus 23 años, era el momento de reinventarse. Y vaya si lo ha hecho. Desde entonces, ha ejercido como modelo, ha escrito libros (la novela erótica, semiautobiográfica, The Juliette Society, ha sido un best seller internacional), se ha dedicado a la música y, por supuesto, ha seguido con su carrera de actriz, ya dentro de la industria convencional.

El primero en fijarse en ella fue Steven Soderbergh, que le dio el papel protagonista de su película semiexperimental "The Girlfriend Experience". El filme fue un fiasco y Sasha no demostró ser una actriz especialmente dotada dramáticamente, aunque hay que reconocerle su notable esfuerzo. Tras varias intervenciones en diversas series de televisión y un par de películas intrascendentes, el próximo viernes se estrena la película más ambiciosa de todas en cuantas ha participado hasta el momento, "Open Windows". Y, una vez vista, hay que decir que a la actriz todavía le queda un largo camino por recorrer para alcanzar el estrellato... por sus méritos, no por la fama acumulada.

Dirigida por Nacho Vigalondo, "Open Windows" es un thriller con innegables influencias hitchcockianas que juega con las últimas tecnologías y en el que la mayor parte de las imágenes se ven a través de ordenadores y smartphones. El arranque es brillante pero, poco a poco, la película se va diluyendo como un azucarillo hasta desembocar en un final insensato y disparatado que deja con un muy mal sabor de boca.

Sasha Grey interpreta a una actriz que viene a ser como el MacGuffin de la historia, porque todos los demás personajes actúan en función de ella. Una vez más, le pone ganas, pero se le notan demasiadas limitaciones: en las escenas más intensas estás varios puntos por debajo de sus compañeros de reparto y en algunos momentos parece basarlo todo en su indiscutible encanto personal. Da bien en pantalla, porque es extremadamente fotogénica, pero no acaba de resultar todo lo creíble que debiera, sobre todo porque no le acaba de coger el punto a la entonación.

Veremos cómo evoluciona su carrera en el futuro, porque estoy convencido de que será capaz de sacarla adelante y, si me apuran, con brillantez, que esta chica consigue cualquier cosa que se proponga. Pero, de momento, la que fuera reina indiscutible del porno apenas si es una plebeya, con fundadas aspiraciones de éxito, eso sí, en el cine convencional.

 


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