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Los herederos de Ozu

En esto del cine, es muy habitual que cada cierto tiempo alguien haga una lista sobre las mejores películas o los mejores directores. Cuando me piden mi opinión, siempre doy las mismas respuestas: en el primer caso, como ya he dicho en muchas ocasiones, "El hombre tranquilo" y, en el segundo, la santísima trinidad del humanismo integrada por John Ford, Jean Renoir y Yasujiro Ozu.

Lamentablemente, hace ya mucho tiempo que ninguno de los tres está entre nosotros y lo peor, como dijo Billy Wilder en el funeral de Ernst Lubitsch, es que hace mucho tiempo que nos quedamos huérfanos de sus películas. Pero nos quedan sus excelsas filmografías para revisitarlas constantemente y la labor de sus herederos, que afortunadamente los tres los tienen, y muy buenos.

En el caso de Ford, el testigo lo ha tomado, y de qué manera, Clint Eastwood. En el de Renoir, aunque de forma un tanto menos evidente, primero fue el desaparecido Louis Malle y, después, Bertrand Tavernier. Y en el de Ozu, Yoji Yamada y Hirokazu Kore-eda, cuyos dos últimos filmes, "Una familia de Tokio" y "De tal padre tal hijo" se estrenan prácticamente de forma simultánea en España (el primero, el viernes 22 y el segundo, el viernes 29).

"Una familia de Tokio"

Conocido en España por su soberbia trilogía sobre samuráis compuesta por "El ocaso del samurái", "La espada oculta" y "Love and Honor", el ya octogenario Yamada lleva en activo más de medio siglo, desde que empezó como asistente, entre otros del propio Ozu, en la Schochiku, la productora más importante de la historia de Japón y una de las más importantes de la historia del Cine. En toda su obra se aprecia nítidamente la influencia de Ozu y el círculo se cierra ahora con "Una familia de Tokio", espléndido remake de "Cuentos de Tokio", la indiscutible obra maestra del gran maestro.

Contrariamente a lo que ocurre en muchos remakes, el objetivo de éste no ha sido vampirizar una historia rematadamente buena en beneficio propio, sino utilizarla para rendirle un sentido homenaje a su creador. Así, Yamada es extremadamente fiel al original, aunque eso no quita para que incluya algunos cambios, sobre todo en lo que se refiere al trasfondo: el devastado Japón de posguerra ha dado paso a un país asolado por la crisis económica global y los personajes viven menos apegados a la tradición que en el original. Por supuesto, "Una familia de Tokio" no es tan perfecta como "Cuentos de Tokio" -era imposible- pero resulta una excelente película.

"De tal padre, tal hijo"

Curiosamente, Kore-eda, mucho más joven que Yamada (acaba de entrar en la cincuentena, nació precisamente el mismo año que Ozu firmaba su tertamento, "El gusto del sake", 1962), también ha firmado un remake de "Cuentos de Tokio", y también con la clara intención de homenajear a un Ozu que siempre ha estado muy presente en todos y cada uno de los planos de su filmografía, en 2008, titulado "Still Walking". Y la verdad es que le salió redondo. De hecho, entre ella y "Nadie sabe" no está muy claro cuál es la cumbre de su filmografía. En cualquier caso, ambas son excepcionales.

En "De tal padre, tal hijo" vuelve a sus dos temas preferidos, la familia y el mundo de la infancia. Y el tema que aborda no puede ser más espinoso: unos padres descubren que su hijo de seis años no es su hijo biológico sino que les fue entregado por error en lugar del suyo. A partir de ese momento, se enfrentan a un dilema tremebundo: ¿qué pesa más, la genética o el cariño forajado a lo largo de los años?

Como siempre, Kore-eda apuesta por un estilo pausado (no confundir con lento) y por tratar con extrema sensibilidad a sus personajes, que en el fondo no son sino personas normales enfrentadas a acontecimientos que las superan. Tierna y dura, sensible y sensata, "De tal padre, tal hijo" es una película emocionante y conmovedora.

Lo dicho, ya no tenemos a Ozu pero nos quedan Yamada y Kore-eda...


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