Metropoli

Blog Soñar despierto

Un plano secuencia para la Historia del Cine

Esta semana he tenido ocasión de visionar "12 años de esclavitud", tercer largometraje del director londinense Steve McQueen (autor de las extraordinarias "Hunger" y "Shame"), que llegará las pantallas españolas el próximo 13 de diciembre. Todavía no me he recuperado del shock que supone ver esta película, el más brutal alegato contra la esclavitud jamás filmado y un estudio en profundidad de hasta qué punto el ser humano puede ser la más bestia de todas las bestias.

La película reconstruye la historia real del neoyorquino Solomon Northup, que fue secuestrado por unos tratantes de negros y vendido en Georgia como esclavo para las plantaciones de algodón y caña de azúcar. Durante los doce años a que hace referencia el título sobrevivió en condiciones infrahumanas teniendo como único sostén el recuerdo de su esposa y de sus dos hijos y planeando cómo recuperar su libertad.

Sin concesiones de ningún tipo, McQueen nos bombardea durante dos horas y cuarto con imágenes de una dureza inusitada, tan dolorosas como los latigazos que reciben los esclavos hasta que se abren sus carnes. Los terratenientes de las plantaciones no son presentados como seres humanos sino como empresarios sin escrúpulos que se consideran elegidos por Dios (curiosamente, ese mismo Dios a los que los negros dedican sus cánticos y sus oraciones nocturnas) para disponer a su antojo de los demás  por el mero hecho de ser blancos y ricos.

Cada plano es como una bofetada, pero hay uno especialmente inolvidable, por brutal y virtuoso al mismo tiempo. El dueño de una plantación (memorable Michael Fassbender) siente vergüenza por estar perdidamente enamorado de una de sus esclavas. Así que que decide castigarla por haber abandonzado su choza sin permiso, jaleado por su esposa, que se siente humillada. Atada a un poste y completamente desnuda, es incapaz de azotarla así que, a punta de pistola, obliga al protagonista (Chiwetel Ejiofor, también espléndido) a hacerlo, amenazándole con matar a todos los negros que hay alrededor si no la golpea con todas sus fuerzas. En plena borrachera de sadismo, acaba quitándole el látigo de la mano para ser él mismo quien termine de desollarla. Todo esto, rodado en un magistral y tenso plano secuencia de varios minutos, con una cámara horrorizada ante lo que está filmando, que corta la respiración, que desgarra a quien lo ve y en el que el director disecciona con precisión de entomólogo los más oscuros recovecos del alma humana.

Si la película no fuera excelente, que lo es, sólo por haber sido capaz de firmar este plano, McQueen ya se habría ganado un puesto en el Olimpo de la historia del Cine. Quienes hasta hace poco hacían el chistecillo de que había un director londinense negro que se llamaba igual que un famoso actor blanco de los años 60 y 70 acabarán reconociendo que en los años 60 y 70 hubo un famoso actor que se llamaba igual que el genial director de "12 años de esclavitud".


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