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Arissa: el vanguardista perdido

Las fotos de Antonio Arissa sorprenden. Son rompedoras y desprenden una modernidad que llama aún más la atención cuando uno se acerca y comprueba las fechas de los disparos. Arissa (1900-1980) fue un tipógrafo catalán que empezó a fotografiar en los años 20 para dar rienda suelta a su creatividad y que nunca se dedicó al oficio como forma de vida.

Relacionado con las asociaciones de excursionistas de aquellos años, comenzó por un pictorialismo literario que adentraba a sus personajes en relatos fantásticos, se fijó más tarde en lo real y acabó realizando composiciones propias de las vanguardias que hasta hace muy poco parecía que en nuestro país no habían tenido eco.

El trabajo de Arissa es prácticamente desconocido porque aparcó la cámara definitivamente después de la Guerra Civil y sus copias no circularon. Para poder rescatarle del pasado, ha sido necesaria una labor minuciosa de recuperación de su legado, de la que podemos ver el fruto en la exposición que reúne 161 de sus imágenes en la Fundación Telefónica. Una muestra que estará abierta hasta el próximo 14 de septiembre en el edificio de la Gran Vía madrileña.

Dos de las imágenes de la primera época de Antonio Arissa.

"Su visión le sitúa como uno de los pocos autores que en España practicaron un tipo de fotografía que hace una transición tan natural entre el pictorialismo, el realismo y la modernidad", aclara Rafael Levenfeld, comisario de la muestra junto a Valentín Vallhonrat.

Los comisarios explican que los materiales se han conservado bastante bien y que aunque en la exposición pueden verse unas 25 instantáneas originales, la mayoría son tirajes actuales a partir de los negativos.

Con la idea clara de desvelar al artista casi de forma notarial, "en la restauración digital de los negativos no hemos tocado emulsiones, y hemos intentado llegar a los mismos tonos, los mismos tamaños y los mismos encuadres, para respetar al máximo al autor y la intención que tenía para divulgar su obra", añade Levenfeld sobre el proceso de recuperación.

Uno de los ejemplos compositivos del último periodo del fotógrafo.

La muestra supone una retrospectiva que propone iniciarse con unos personajes soñados, niños perdidos en el bosque propios de Perrault o Tom Sawyer --"los que necesitan que aparezca el alma nueva que los rescate", continúa Vallhonrat--, para sumirnos de lleno en "su periodo más creativo, el más elocuente y el más poderoso de su trabajo: Arissa fue el primer representante de la nueva visión de la fotografía española", sentencia este experto en su figura.

Como ejemplo, describe una fotografía de su última época (la que aparece al inicio del vídeo) que cree que define al artista. Vallhonrat ve ahí, en esas herramientas y en esas letras, a Antonio Arissa. Más allá de lo obvio de que esté su nombre. "Esta obra ya es de su periodo de madurez, en donde han desaparecido las grandes temáticas, los personajes... ya no necesita elementos que tengan la característica de importantes para que sus fotos sean grandes. A partir del 29, trabaja con elementos que cumplen funciones gráficas y compositivas. Y, en este caso, se resume su actividad y el origen de su formación. Él es hijo de impresores, es tipógrafo y es fotógrafo. En esta pieza están esas tres patas que soportan su evolución".

Al mirar la imagen, el comisario anima a celebrar que se haya podido recuperar a un fotógrafo perdido durante tantos años: "Con él podemos entender que esta forma de pensar visualmente, que siempre se ha atribuido a las escuelas del norte de Europa, también nos pertenece".

'Arissa. La sombra y el fotógrafo (1922-1936)'. Espacio Fundación Telefónica (Gran Vía, 28, entrada por la calle Fuencarral, 3. Madrid). Entrada gratuita. Hasta el 14 de septiembre.

Otras exposiciones abiertas: Ramón Masats (Galería Blanca Berlín), Chema Conesa (Alcala 31) y Playgrounds (Museo Reina Sofía).


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