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Entorno Meaques-Retamares

Situación. Ciudad de la Imagen. Pozuelo de Alarcón-Madrid.

Cómo llegar. Puede llegarse al punto donde se inicia la ruta en Metro Ligero Oeste, que empieza en la estación de Metro de Colonia Jardín (línea 10) y termina en Puerta de Boadilla. La parada es Ciudad del Cine.

Si se accede en vehículo propio, desde Madrid por carretera de Extremadura, hasta salida 5, kilómetro 5.8. Continuar por M-512, dirección Boadilla del Monte. Seguir durante un kilómetro hasta la rotonda situada bajo la M-502. Continuar por M-511, dirección Boadilla del Monte. En la primera rotonda abandonar la carretera y entrar en la Ciudad de la Imagen, segunda salida a la derecha.

Accesos. Entrar en la Ciudad de la Imagen por el Paseo del Príncipe y girar la primera a la derecha, calle Virgilio. Seguirla hasta su final, donde se gira a la izquierda por la calle Ana Mariscal que lleva ante Kinépolis. Girar a la izquierda por la calle José Isbert. Seguir unos 100 metros, para girar a la derecha al aparcamiento situado al otro lado de las vías del Metro ligero. La ruta empieza en el paseo que separa el aparcamiento superior, junto a Kinépolis, del inferior.

Bosque de galería en el arroyo de Meaques. Foto: Marga Estebaranz.

Las lindes de la gran ciudad son un espacio de nadie donde todo se mezcla. Los restos que vomita la gran urbe con escaramuzas, o retiradas tanto da, de retazos de la naturaleza que rodea o quedó desplazada por el hormigón y el asfalto. Territorio sin dueño, de momento, las franjas que cinchan la metrópoli son distrito cimarrón que a pesar de su condición bastarda enseña mucho más que la mierda que acoge.

Ejemplo perfecto es el Entorno Meaques-Retamares, espacio vacío que se ha conservado en torno al arroyo Meaques,  curso de agua principal de los que cruzan la Casa de Campo, para rendir sus aguas al Manzanares. Se conserva y esto hay que decirlo, como tantas otras veces por haber sido terreno militar, en este caso un campo de maniobras. Si no, es muy posible que hoy todo esto estuviera lleno de pisos.

Ciclista por las pistas de las cercanías de Kinépolis. Foto: Alfredo Merino.

 

El entorno Meaques-Retamares es el primer escalón del extraordinario pasillo natural que desde la fachada de la última vivienda del oeste madrileño y de la tapia de la Casa de Campo, se prolonga campestre y rampante hasta el Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama. Desde allí continúa hasta los Montes del Oeste madrileño y la Sierra de Gredos.

A pesar del intenso tráfico por las carreteras y autopistas que lo cercan, a pesar de la incesante actividad de la Ciudad de la Imagen y de la algarabía propia de un centro de ocio como es Kinépolis, no hay que caminar más que unas decenas de metros por la trasera del complejo, para olvidarse del estrépito y dejarse llevar por una naturaleza que a pesar de su maltrato, no parece dispuesta a abandonar el lugar.

 

Un conejo toma el sol a la puerta de su madriguera rodeado de escombros. Foto: Alfredo Merino.

Se descubren conejos a decenas, que excavan sus madrigueras y se solazan entre las abundantes basuras y escombros esparcidos por el suelo, mientras que en los sotos, en las retamas y por el cielo vuela multitud de aves. Hay censadas más de una centena de especies emplumadas en este entorno,entre ellas aristócratas tan importantes como buitre negro, águila calzada, búho real y águila imperial.

En cualquier paseo que se emprenda por este lugar no es difícil llevarse en la mochila de la observación una docena larga de animales que, a poco que haya suerte, incluirá pito real, garza real, martín pescador, garcilla bueyera, somormujo, liebre y perdiz. Ir atentos conviene, por tanto.

Los meloncillos del Meaques

Mucha más suerte, mejor dicho paciencia y conocimiento, han tenido los miembros de la asociación conservacionista Retamares. Ellos han descubierto la presencia a las puertas de la gran ciudad de animales tan sorprendentes como zorros, turones y unos insospechados meloncillos.

 

Se sabía que la única mangosta del continente europeo habitaba en lugares de naturaleza con probado marchamo, tipo Doñana, Montes de Toledo y así. La cita, testificada con los pertinentes vídeos, señala una presencia que debe considerarse cuanto menos de extravagante, si se constata que se les ha visto a menos de 500 metros de la ciudad y en un entorno más que deteriorado. Maravillosa naturaleza, en cualquier caso.

Una pareja pasea por el fondo de la depresión Meaques-Retamares. Foto: Alfredo Merino.

Abogados defensores, vigilantes y ángeles de la guarda de este maltratado espacio verde, las cientos de horas que han dedicado al entorno los de la Asociación Retamares también les ha permitido emitir un diagnóstico del estado y posibilidades de este lugar, sin olvidar la caza furtiva y tropelías como el ahorcamiento de decenas de urracas, como denunciaron hace unos meses. Para evitar tanto desmán y conseguir su protección, demandan al Gobierno Regional madrileño la catalogación de este entorno como espacio protegido.

Junto a la Casa de Campo

El desarrollo urbanistico feroz asentó sus reales en este entorno hace décadas, siendo las colonias de Los Ángeles y Santa Mónica una muralla de viviendas que extranguló el corredor natural. La duplicación de la calzada de la M-502 puso la puntilla al cierre y, si bien puede encontrarse paso pedestre entre Casa de Campo y Entorno del Meaques, hacerlo es en certeza ejercicio de suicidas.

Hembra y macho de pato azulón en el arroyo Meaques. Foto: Marga Estebaranz.

A pesar de ello, los animalitos se las ingenian y logran cruzar la frontera que cierra la Casa de Campo junto a la puerta del Zarzón, entrada del arroyo de Meaques al principal espacio verde de la ciudad madrileña. Su presencia asalvaja un punto más el carácter silvestre del espacio verde madrileño.

Es una pena que no se cree un camino natural entre dicha puerta y el entorno del arroyo de Meaques, separados menos de 500 metros, pero ¡que medio kilómetro!: en su centro se asienta la rotonda de la carretera M-502, una de las que soporta el tráfico más feroz del oeste madrileño.

Inicio en Kinépolis

El mejor punto para acceder al paraje Entorno Meaques-Retamares es desde el citado centro de ocio. En su lado Este se sitúan dos aparcamientos. Entre el más elevado, el más próximo al centro, y el segundo, unos metros más bajo, hay una estrecha acera que da acceso al espacio natural.

 

En el banco situado al borde de la vaguada de Meaques-Retamares. Foto: Marga Estebaranz.

Con el aparcamiento a la espalda, caminar unos metros hasta encontrar una pista que discurre dirección Oeste-Este, paralela a la fachada del centro de ocio. Tomarla a la izquierda. Se camina por el borde del profundo cauce en cuyo fondo discurre el arroyo Meaques. Rumbo Este, con el barranco en la derecha, se camina junto al aparcamiento hasta una bifurcación situada en lo alto de una pequeña loma.

Tomar el camino menos marcado de la derecha, que continúa recorriendo la parte alta del barranquillo. Se pliega a los caprichos de la ladera, por encima de los bosquetes que prosperan en el fondo de la depresión. En la solana se calientan los conejos a la puerta de sus madrigueras. En el horizonte, el skiline madrileño es una muralla.

Transcurrido un kilómetro y medio desde el inicio junto a Kinépolis, se descubre una represa con una pasarela que permite cruzar al otro lado del Meaques. Descender hasta el fondo por un abrupto camino que si tiene barro resulta bastante escurridizo.

La represa es la parte con más agua del entorno y el punto de parada de numerosas anátidas, entre las que se descubren azulones y algún somormujo. También de zancudas con la excepcional presencia de garcillas y garzas reales. Cruzar al otro lado y remontar el terraplén.

Continuar por el camino principal, dirección Suroeste, hasta encontrarse enseguida con una encrucijada. Tomar el camino de la derecha hasta el cercano cruce de caminos. Continuar de frente, pasando a la izquierda de una señal que avisa del peligro de incendios clavada en el tronco de un pino. Breve cuesta arriba que lleva a la parte alta de la ladera contraria por la que alcanzamos la represa sobre el Meaques.

Por el borde de la vaguada

A la derecha de la cuesta, retoños de pino se proteguen de un cilindro de mallazo para que no se los coman las ovejas. Ya en la meseta cimera, se camina con el Club Deportivo Campamento. En la esquina del polideportivo se abren tres caminos. Continuar por el de la derecha, que camina por el borde de la vaguada.

Es un oteadero despejado desde donde se contempla a placer la enorme vaguada abierta por el Meaques y, justo a los pies de la ladera por la que se camina, su afluente el arroyo de Valdechico, con más agua que aquel. En las sucesivas encrucijadas que se alcanzan tomar siempre la opción que marcha por el borde del barranco. Hacia la mitad de este trecho, bajo un ailanto, un banco invita a sentarse a contemplar el mar de retamas que inunda el fondo del corredor verde.

Una abrupta bajada desemboca en una pista principal, dirección Noroeste-Sureste. Tomarla a la derecha para caminar un largo y cansino tirada con una cerca metálica en la izquierda. Ancha y recta, es una tendida subida que transita por la linde del Club Deportivo La Dehesa.

Campo de maniobras

Dos kilómetros después se alcanza la esquina de la alambrada. Aquí se sitúa una encrucijada de caminos. Proseguir de frente por una pista que va bordeando la autopista de circunvalación M-40. Se alcanza el desvío que lleva al paso que la salva por debajo. Dejarlo a la izquierda y continuar de frente hasta la siguiente bifurcación en V. Toda esta enorme zona despejada formaba parte del campo de maniobras militar de Campamento.

Reanudar la marcha por la pista de la derecha, mientras el ramal de la izquierda continúa paralelo a la autopista. Dejar los dos caminos que se abren a la derecha y alcanzar un importante cruce con una pista transversal, que discurre dirección Oeste-Este. Se sigue de frente, rumbo Norte, por un camino algo menos importante durante 400 metros, hasta el tercer cruce donde se toma el ramal de la derecha, que marcha hacia el Este.

Con esta dirección se continúa hasta el final de la marcha. Transitando el último tramo junto al murete de piedras que sustenta los jardines de la trasera de Kinépolis, hasta alcanzar el punto de partida.

Ficha

Tiempo. Entre 2.30 y 3.00 horas.

Longitud. 9.6 kilómetros.

Desnivel. 70 metros. (puente sobre el Meaques, 655 metros; kilómetro 6.3 ruta, parte Oeste campo Retamares, 725  metros).

Recorrido. Circular.

Dificultad. Ninguna.

Material. Bota de marcha con buen perfil en suela, para evitar resbalar en los tramos embarrados.

Recomendaciones. Llevar prismáticos para observar la fauna.


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