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Las escondidas pozas de Matallana

Datos prácticos

Situación. El Espinar. Guadalajara.

Distancia. 126 kilómetros desde Madrid.

Cómo llegar. Desde Madrid por A-2 hasta salida 51, en Guadalajara, dirección Cabanillas del Campo. Cruzar sobre la autopista y tomar rumbo a la estación ferrocarril, por la calle Francisco Alitio. Recorrer este vial, dejando atrás la estación, hasta alcanzar el cruce con la carretera CM-101, dirección Fontanar y Humanes, a la izquierda.

Seguir por esta carretera, bordeando Humanes. Continuar por CM-1004 dirección Jadraque. Cruzar la localidad de Tamajón y proseguir por GU-186. En un kilómetro se alcanza un cruce, donde se continúa a la izquierda, dirección Majalrayo. A los 5 kilómetros nuevo cruce, en el que se toma la carretera de la derecha hasta El Espinar.

Accesos. Entrar en El Espinar y alcanzar el aparcamiento situado en las antiguas eras, al oeste del pueblo. En la parte sur de este espacio, no lejos de las porterías de fútbol, arranca una pista, en cuyo inicio aparecen marcas blancas y rojas de los senderos de gran recorrido.

Ficha

Tiempo: entre 2.30 y 3.00 horas.

Longitud: 7.5 kilómetros, ida y vuelta por el mismo camino.

Desnivel: 205 metros (lomas sobre los prados de El Espinar, 1.140 metros; cascada del Aljibe, 935 metros).

Recorrido: lineal.

Dificultad: fácil. Tramos de camino muy descarnados y con gran inclinación en la parte final, antes de alcanzar las pozas.

Material: botas de marcha, protección solar y agua abundante.

Recomendaciones: emprender la excursión temprano, para evitar las horas centrales del día. Los bastones son útiles para ayudarse en la subida y bajada de los tramos más empinados. El mejor momento para visitar estas cascadas es en el final de la primavera, cuando más agua baja por el arroyo del Soto.

 

Matallana

Una excursionista se asoma al borde de la quebrada en cuyo fondo están las pozas de Matallana | Alfredo Merino

 

El arroyo del Soto sería un riachuelo anónimo, a pesar de nacer en el Ocejón y ser de los más generosos en verter sus aguas en el Jarama juvenil. Ocurre que pocos metros antes de rendir su caudal en este último, tuvo la ocurrencia de encajarse en el más arisco de los barrancos pizarrosos de la zona. Y así, mitad azar rejido por la fuerza de la gravedad y mitad constancia de siglos, formó uno de los saltos de agua más hermosos y singulares de la zona centro. Pues aparte de la cascada del Aljibe, así llamada por los dos profundos charcos que ha labrado en la piedra, conocidos en la zona como las pozas de Matallana. 

Son dos profundos círculos verdosos, a los que debe su nombre la cascada, que en efecto simulan aljibes abiertos en el fondo de la quebrada. Entre ambos se precipita una cascada, que vive estas semanas sus horas más bajas, dicho sea de paso. Alcanzarlas es un sencillo ejercicio que no lleva más de una hora, algo más en el regreso. Los expertos en esto del senderismo lo han bautizado como SPG-31, pero es simple nomenclatura. La belleza del paraje que alcanza es antagónica de tan críptica denominación.

Desde las antiguas eras de El Espinar, convertidas en campo de fútbol y lugar de encuentro de las festividades locales, tomar en la parte Sur una pista que está señalizada en su inicio con señal de sendero de gran recorrido GR-10. A la altura de la última casa del pueblo, la casa rural Al viento del Ocejón, se alcanza una bifurcación.

Continuar por la pista de la derecha, abandonando la de la izquierda por donde continúan las señales blanquirrojas del sendero de gran recorrido. En ligera cuesta arriba cruzar una portilla, que debe dejarse cerrada. El final de la breve pendiente concluye en una amplia campa horizontal donde se bifurca la pista. Continuar por la de la derecha, que marchará unos cientos de metros en paralelo a una cerca.

Entre ganado suelto

Es frecuente encontrar en este lugar ganado pastando. Son vacas mansas y no hacen nada. Con poner unos metros de distancia los más miedosos es suficiente. Continuar por la pista que termina por difuminarse en esta amplia zona empradizada. Se intuye como las rodadas giran a la izquierda, Sur, rumbo hacia un camino que parte por la mitad un cerro cubierto de jarales. 

Es un camino rojizo recubierto de abundantes guijarros en el que nos encontraremos dos bifurcaciones. En ambos casos, elegir el ramal de la derecha. Ya rumbo Suroeste, el sendero sigue un tramo horizontal por lo alto de una amplia loma, que pasa junto a algunas matas de robles. Alcanzado el borde de la meseta, se inicia una larga y pronunciada bajada.

Matallana ganado

Ganado suelto con el pico San Cristóbal en el horizonte | Alfredo Merino

Estamos en el punto más elevado del recorrido y antes de zambullirnos en el vertiginoso descenso, conviene reconocer el panorama que nos rodea. Justo enfrente, la prolongada y oscura mole formada por el San Cristóbal y la Cabeza de Pajarero asemeja la piel de una vaca como las que hace poco dejamos atrás, aunque de tamaño mucho más descomunal, dejada caer en el suelo de cualquier manera. Si nos damos la vuelta la cosa cambia, pues todo el horizonte lo ocupa el legendario pico Ocejón, que visto desde esta perspectiva ha perdido la silueta que ofrece desde el sur y que le ha valido el justo apelativo de Cervino alcarreño.

Una bajada muy empinada

Y comienza la fuerte bajada. Es en este largo tramo donde más se agradecen los bastones. Sentimiento que se repite en la subida. El descenso, en realidad una zambullida a pie hasta las profundas barranqueras abiertas por el Jarama, muestra tramos con bastantes descarnaduras y profundas rieras que conviene bajar con atención. Una curva marca el fin del descenso, junto al arroyo del Soto, oculto bajo un pequeño bosque de galería.

En este punto pueden hacerse dos cosas: seguir por el camino que, a la izquierda desciende junto al arroyo o cruzarlo por un vado. Es preferible la segunda, porque algo más adelante lleva hasta un rústico puente de madera en un bonito rincón. Cruzar el puente y empalmar con el camino de la primera opción, que trepa por unas piedras, sin dificultades.

Unos cuantos metros después, el camino alcanza un hombro situado en el borde de tan escondido descolgadero en cuyo fondo están las pozas de Matallana. Lo avanzado y seco de la temporada, hace que la cascada apenas sea un hilillo de agua, que se despeña entre ambos charcazos, aunque no por esto el paraje pierde su encanto, que puede bordearse, para contemplarlo desde sus diferentes perspectivas.

Pincha aquí para ver más fotografías de la excursión.

El camino continúa por el borde mismo del barranco, teniendo un tramo algo delicado que debe recorrerse con cuidado. Superado el estrecho, se obtiene la mejor vista de ambos charcos, encajados en la garganta de piedra. Se puede continuar el camino que desciende hasta cruzar el arroyo poco antes de alcanzar el Jarama. Desde allí, subir por la orilla opuesta hasta el puentecillo y regresar a El Espinar por la cansina subida que nos trajo hasta aquí.

Quien prefiera evitarla, puede seguir por un camino que marcha paralelo al río Jarama, a un centenar de metros más arriba, que cruza la ladera hasta el puente de Matallana. Desde allí se sube a Roblelacasa, también en áspera subida, para luego atravesar hasta El Espinar por otra senda, también cuajada de fuertes subidas y bajadas, resultando en este caso una ruta circular de tres kilómetros más de longitud que si se hace el mismo camino ida y vuelta.


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