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La leyenda más terrible de la Sierra

Datos prácticos

Situación. Pedriza del Manzanares. Parque Natural de la Cuenca Alta del Manzanares.

Cómo llegar. Desde Madrid por M-607, carretera de Colmenar, y M-608 hasta Manzanares el Real.

Distancia. 56 kilómetros desde Madrid.

Accesos. Sobrepasar Manzanares el Real sin entrar en la población, hasta alcanzar la rotonda del Montañero. Continuar 300 metros por la M-608, dirección Cerceda, hasta el primer desvío a la derecha que lleva a Canto Cochino, en el corazón de La Pedriza.

Información: Centro de Educación Ambiental del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares. Tel: 918 539 978. Horario: todos los días de 10.00 a 18.00 horas.

El Cancho de los Muertos desde su vertiente sur.| Marga Estebaranz.

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Para dejar claras las cosas y que su autoridad no se resintiese, el jefe de los bandidos ejerció en el momento la justicia de los poscritos; el asesino recibiría la misma pena que había causado a su compañero: la muerte. Él se encargó de ejecutarla, arrojándole al abismo. Ocurrió que en el momento de hacerlo, cuando el capitán empujaba al criminal, éste le agarró de una pierna arrastrándolo con él hasta el otro mundo. Cayeron los dos, reventándose contra las piedras del fondo.

Frecuentaba la vertiente sur de la sierra madrileña una partida de bandoleros conocida por sus asaltos y secuestros y que algunas citas señalan la comandaba Paco el Sastre. Tenían como cuartel general y refugio después de sus fechorías un paraje perdido en la Pedriza de Manzanares de muy difícil acceso. En cierta ocasión secuestraron a una joven que pertenecía a una familia madrileña adinerada. Ya en el roquedo, el jefe de los bandidos, regresó a la ciudad para negociar el rescate, dejando a la infortunada al cuidado de sus secuaces. Nada más irse, los delincuentes se disputaron a la infeliz, con el consiguiente enfrentamiento que concluyó con la caída de uno de ellos, despeñado desde el risco que les servía de refugio. Enterado el capitán a su regreso, impartió justicia como se ha contado.

Tras tan tremendo desenlace, el resto de los secuaces, costernado, se dio a la fuga, quedando la joven secuestrada libre, pero perdida. Así vagó varias jornadas por el peñascal, hasta que la encontró uno de los pastores de la zona, El Mierlo, quien la devolvió a la Corte, regresando a sus tareas en la sierra. Enterados los bandidos y pensando que había recibido una recompensa que consideraban suya, fueron a por él, asesinándole.

Ricardo Laforest recogió esta historia en la revista Peñalara en los albores del siglo XX. Con mas visos de realidad de lo que puede parecer, se la contó Ambrosio Esteban, otro pastor de Manzanares. Años después, el histórico Bernaldo de Quirós descubrió en 1920, durante una de sus travesías pedriceras, una cruz de piedra, tendida en el collado de Valdehalcones, identificándola con la erigida a la memoría del infortunado Mierlo. La localización permaneció 75 años olvidada y hoy es destino de una de las más apreciadas excursiones pedriceras.

El escenario de aquellos truculentos sucesos está próximo a algunos de los caminos más transitados de la Pedriza del Manzanares. Al contrario de lo que sucede hoy, cuando el roquedo guadarrameño acoge todo el año cientos de visitantes que vienen a disfrutar de un ocio natural y seguro, en aquellos tiempos el corazón de la Pedriza era lugar áspero y remoto. De clima hostil, cuyos nevazos cubrían todos los rincones hasta bien entrado junio, y muy peligroso por la abundancia de fieras y hombres, ya lo hemos visto, cuyos sentimientos convertían a aquellas en hermanitas de la caridad.

De sobra conocido, todos los fines de semana del año el Cancho de los Muertos, que así se llama el risco donde se despeñaron Paco el Sastre y sus colegas, recibe la visita de excursionistas y escaladores, cuyo único temor es el no regresar a los chiringuitos de Canto Cochino con el tiempo suficiente para dar buena cuenta de los pollos que allí se asan.

Árbol abatido por el viento.| Marga Estebaranz

Esta cumbre ancha que se desgaja en varias porciones igual de rotundas, frisa los 1.300 metros de altura, lo que es poca cosa en el Guadarrama. También llamada Cancho del Camposanto, si bien no alcanza el riesgo de entonces, subir a su base tiene un puntillo de aventura, a lo que favorece el paso por una maraña vegetal que se traga los caminos de esta parte de la Pedriza.

Inicio en Canto Cochino

Arranca la marcha en el puente de madera que cruza sobre el Manzanares, al final del aparcamiento de Canto Cochino. En el otro lado y ante la puerta de la Escuela Taller, gira a la izquierda, remontando un corto trecho con el suelo empedrado. Se alcanza un claro entre las arizónicas que sorprendentemente prosperan en esta parte de la Sierra. En la parte alta, una poderosa cartelería orienta los rumbos de los caminantes.

En los carteles se explica el rumbo de este Camino del Cancho de los Muertos, y marcas blanquiamarillas lo señalan como sendero de pequeño recorrido PR-M 1. En esta ocasión solo lo seguiremos un corto trecho. Continuar una centena de metros y cruzar un arroyo con el cauce empedrado, proseguir otros 40 metros por el camino horizontal, hasta la altura de un árbol a la izquierda de la senda con la marca blanquiamarilla. Justo a su altura y al otro lado del camino, el tronco de una cupresácea tiene grabada a cuchillo una N a la altura de la cara de una persona.

Este punto debe localizarse con toda la minuciosidad posible, pues señala el inicio del camino secundario que sube directo al Cancho de los Muertos. Tal vez el mismo por el que trepaban a su escondite aquella panda de forajidos. También es el primer tramo de la llamada Integral de la Pedriza, la extensísima cabalgada que, tras arrancar aquí mismo, se pasea por los cordales del Circo de la Pedriza, hasta alcanzar el collado de la Dehesilla.

Se abandona el camino principal, que sigue su rumbo paralelo al río Manzanares, para continuar por esta senda que se enfrenta directa a la ladera. Por el interior de un pinar transita entre pequeños vallejos y pasa al pie de amontonamientos de bolos graníticos. Sin abandonar la senda principal, que es la que sube directa rumbo Norte, se van sucediendo las cortas trepadas, travesías y pasos entre estrechuras que sirven para superar las pequeñas murallas rocosas en las que se organiza la ladera.

En esta época del año, el suelo está empapado y regatos de fortuna convierten la zanja abierta por los caminantes en enfangados lechos fluviales. En otros tramos los arbustos han crecido con tanta desmesura que se transita por el interior de un cerrado túnel vegetal. A medida que se gana altura, el bosque va dejando paso a un terreno cuajado de afloraciones de peñascos, de tamaño considerable, una suerte de laberinto en el que la senda se abre paso. Conviene prestar cuidado en esta parte a las señales y los hitos de piedra para no extraviarse en el roquedo. La parte final, ya bajo el Cancho de los Muertos consiste en superar los grandes bloques, bien encaramándose en algunos, bien pasando por gateras y túneles en otras ocasiones.

El sendero ha ido derivando hacia la parte derecha, Este, del Cancho de los Muertos. Una vez contemplada a placer la cara Sur donde, a poco que haya suerte, se verá a las cordadas de escaladores, se continúa rumbo Norte, hacia el collado del Cabrón. La mejor referencia es que el sendero pasa justo a los pies la esquina que forman las caras Sur y Este del Cancho de los Muertos, bajo un techo de roca.

Sigue un tramo en el que con cortas bajadas y subidas, se negocian los abundantes bloques que se esparcen por los alrededores de la parte más elevada del pequeño macizo rocoso. Un centenar de metros después, el camino se define mejor y alcanza el collado del Cabrón.

Coinciden en esta importante encrucijada cinco caminos. El que llevamos y de izquierda a derecha: el que desciende a Charca Verde, el que rumbo Norte recorre la integral de la Pedriza, otro paralelo al anterior que lleva en una curiosa travesía a los Cuatro Caminos, epicentro del circo de la Pedriza Posterior y un último, a la derecha, Este, que baja a la depresión del arroyo de la Dehesilla.

Continuamos por el último, a la derecha, Este. Realiza un rápido descenso hasta entroncar con la reconocida Autopista de la Pedriza, enfrente y no demasiado lejos del refugio Giner de los Ríos. Señalizada como PR-M 2, tomarla a la derecha. En quince minutos se alcanza la Escuela Taller y el punto donde iniciamos la ruta.

Restos de la última nevada bajo el Cancho de los Muertos.| Marga Estebaranz

Ficha

Horario: Entre 2 y 3 horas para el recorrido descrito sin contar las paradas.

Longitud: 4 kilómetros.

Desnivel: 215 metros de desnivel positivo (Canto Cochino, 1.025 metros, base del Cancho de los Muertos, 1.240 metros).

Recorrido: Ruta circular.

Dificultad: Media. A pesar de su corta longitud y de no superar un desnivel excesivo, el paso entre los numerosos bloques que se esparcen en algunos tramos de la excursión, otorgan un punto de dificultad a esta excursión.

Material: Botas de marcha, bastones y ropa de abrigo en invierno. Agua en abundancia durante el verano.

Recomendaciones: Ante la menor duda de pérdida del sendero, desandar hasta el último punto reconocido para recobrar el camino correcto. Evitar con tiempo inestable, niebla y si está la piedra mojada.

 


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